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Archive for 16/12/08

Me gusta recopilar imágenes curiosas y peculiares de las estrellas del Hollywood clásico.

En este caso se trata de un joven Fred McMurray barbudo y astroso, en la comedia Too many husbands (1940), de Wesley Ruggles.

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En sus primeros tiempos como revista, Cinemanía publicó una serie de artículos en la que destacados nombres del mundo de la cultura (directores, escritores, etc…) elegían y comentaban su película preferida de la historia del cine.

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Reproduzco aquí el artículo en el que el escritor y articulista Juan José Millás comenta su predilección por el western de John Sturges Los siete magníficos, traslación a su vez de Los siete samurais, de Kurosawa.

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Siempre me ha llamado la atención el caso de algunas actrices del cine clásico que parecían sobradas de belleza y talento y tenerlo todo de cara para alcanzar el estrellato, pero no llegaron, por unos motivos u otros, a lograrlo.

Entre ellas está el caso de Geraldine Fitzgerald, actriz de magnética belleza y notable talento dramático, cuyo esplendor tuvo lugar a caballo entre los años treinta y los cuarenta, pero cuyos problemas con la industria dieron al traste con su carrera, en el momento en que parecía llamada a disputarle el trono a estrellas como Bette Davis, Joan Crawford o Barbara Stanwyck.

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Nacida en Greystones, County Wicklow (Dublín) el 24 de noviembre de 1913.
Su precoz temperamento artístico y la influencia de su tía Shelah Richards, también actriz, la llevó a debutar, aún adolescente, en los teatros de su país.
Su debut cinematográfico tiene lugar con el olvidable drama Open all night, en 1934.
En sus inicios trabajó en el cine británico, siendo el film más popular de ese periodo The Mill on the Floss (1937).

En 1938 se traslada a Nueva York, a petición nada menos que de Orson Welles, para enrolarse en su compañía, la Mercury Theather.
Desde entonces estaría ligada al teatro; el cine jamás la apartaría por completo de las tablas de Broadway, a las que regresaría una y otra vez.

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Firma contrato con el productor Hal B.Wallis, para Warner Brothers.

El año 1939 presencia una de las cimas de su carrera, con su interpretación del personaje de Isabella en la legendaria Cumbres borrascosas, de William Wyler. Rozó el Oscar a la mejor actriz de reparto, para el que estuvo nominada.

En el mismo año entregaba otro alarde de potencia en la magnífica Amarga victoria, de Edmund Goulding, al lado de Bette Davis y Humphrey Bogart.

En la década de los años cuarenta, la carrera de Fitzgerald se vio lamentablemente marcada por sus turbulentas relaciones con la compañía Warner Bros., que la tenía bajo contrato. Geraldine Fitzgerald no era una estrella, pero era una actriz profesional y orgullosa, y se negó a aceptar papeles que consideraba indignos e irrelevantes, lo que provocó que el estudio la arrinconase.

Rechazó papeles como la protagonista de El halcón maltés, por sus desavenencias con Jack Warner.

Se nacionaliza estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial.

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Pese a todo, el cine de los años cuarenta disfrutó de ella en películas como Viaje sin retorno, de nuevo a las órdenes de Edmund Goulding, o la asfixiante Pesadilla, de Robert Siodmak, en la que mantenía una tórrida atracción incestuosa hacia George Sanders.

Tras trabajar en Nobdy lives forever y Three strangers, a las órdenes de Negulesco, abandonará Hollywood para establecerse en Nueva York y casarse con su segundo marido, Stuart Scheftel

Fitzgerald sólo rodaría dos películas entre los años 1948 y 1961, pero participaría en innumerables producciones televisivas y decenas de montajes teatrales.

En el año 1965 entrega otro fogonazo interpretativo en su regreso a la gran pantalla en la magistral El prestamista, de Sydney Lumet, donde lucha con Rod Steiger en un memorable pulso actoral.
Tras ello, Paul Newman la reclamaría en 1968 para participar en su primera película como director, la inolvidable Rachel, Rachel.

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Pero 1971 se convertía en otro año de referencia en su carrera, con el regreso a Broadway para interpretar el personaje de Mary Tyrone en la obra de Eugene O’Neill Larga jornada del día hacia la noche.

Nominada como mejor actriz en los premios del Australian Film Institute, por Mango Tree (1977).
El controvertido Marco Ferreri acogería a Fitzgerald en el cine italiano en 1978, para entregarle su último gran personaje, la Mrs. Toland de Adiós al macho.
Sus últimas apariciones en el cine son en Arthur, el soltero de oro, y en su continuación, Arthur 2.

Su primer matrimonio con Edward Lindsay-Hogg terminó en divorcio, y después se casó con el empresario Stuart Scheftel, fallecido en 1994. A Fitzgerald la sobreviven su hijo, el director Michael Lindsay-Hogg, y su hija Susan Scheftel.
Su sobrina es la también actriz Tara Fitzgerald.

Falleció en julio de 2005 en su casa de Manhattan, tras una larga lucha contra el Alzheimer.

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